luciana tagliapietra

Si hay algo que a cualquier cantautor le gustaría, sería que lo recuerden por su voz. Por la manera en que entona, por las cosas que dice, por el timbre. Después de todo, esto es la definición casi textual de “cantautor”.
La voz de Luciana tiene un timbre muy particular, parece la voz de una vieja cantante de cabaret endurecida a base de cigarrillos y gin tonics. Es una voz rasposa que, sin embargo y aunque suene paradójico, oculta tonos cantarines y melodiosos. 
Las voces y las letras se ubican en un entorno que palpita con arreglos, con detalles sonoros, trompetas, colchones de teclados, ruidos de agua, pequeños detalles percusivos, coros que quieren escapar a través de las gargantas a los cielos espejados. 
Entonces, aquellas canciones que podrían descender a la monotonía o aburrimiento se desplazan y conmueven de manera insospechada. 
La belleza del sonido y la prodigalidad en frases que se pegan a la lengua hacen de las canciones de Luciana Tagliapietra algo encantador y etéreo, que se escucha volando y que da ganas escuchar de nuevo inmediatamente. 

Amadeo Gandolfo, Tucumán, Diciembre de 2009

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